Friday, June 22, 2012

Me dejé llevar





Estaba realmente cansada cuando me senté por primera vez en mucho tiempo en el asiento de atrás de un carro que me llevaba por la autopista hacia el mío. La brisa de un día caluroso que entraba por la ventana movía mi pelo, y finalmente pude cerrar mis ojos en un carro en movimiento que yo no manejaba, y eso se sintió increíble. Me hizo regresar a la sensación de la infancia en la que alguien estaba a cargo; la época en la que uno era un pasajero y el rumbo de la vida era despreocupado mientras otros se ocupaban de guiarla.

Cerré los ojos y me dejé llevar en ese paseo en el que pude descansar sin preocupaciones. 

Sólo por un momento.


Caro.

Tuesday, June 19, 2012

Lo escogido vuelve en forma de realidad






Las decisiones se toman y las cosas pasan. El feedback es el termómetro de la realidad. 

Fue un sueño, luego un coqueteo con esa idea, después un posible plan de corta duración, luego un ardor en el pecho que me quemaba hasta que le puse una intención, tomé acción y ahora ha salido de mí. Comenzó a rodar entre la gente, y aquel que una vez fue un sueño, está poniendo a otros también en movimiento. Existe. Existe y es mío; existe, y yo lo generé.

Hoy me reuní con las profesoras de la escuela donde cursé dos años de enfermería. Me invitaron el almuerzo para saber de mis planes y darme un abrazo de despedida. Personas muy cálidas, sumamente conservadoras, a quienes pensé que todo les iría a parecer una idea descabellada, y de quienes, curiosamente, recibí su bendición diciéndome que estoy destinada a romper el molde, y que me apoyan en esta nueva etapa de mi vida.

No buscaba aprobación. Creí que sólo íbamos a despedirnos, pero el hecho de haberla obtenido me confirmó una vez más que este es mi camino, y que quizá estoy viviendo mi meta simultáneamente; moviendo corazones. Comenzando por el mío.

Salí de la escuela con la agradable sensación de asumir mi libertad responsablemente, y la gratitud de haber conocido a gente tan especial a mi paso.

Subí a mi carro, conecté mi iPhone al equipo de sonido y manejé lejos de ahí escuchando a Cerati diciendo que "poder decir adiós es crecer".


Caro.

Wednesday, June 13, 2012

Uncatchable Fish



"Pero ¿cómo arriesgarse a ir a un lugar desde el cual probablemente no podría volver? Ahí estaba el secreto. No se trataba sólo de tener fuerza en las piernas y ser listo, sino que también era cuestión de necesidad, de haber alcanzado el punto en que se renuncia a la vida, en que se la deja atrás, en que ya no se la necesita. Sólo entonces lograba uno su propósito." -Kader Abdolah (El Reflejo de las Palabras)

Tuve que perderlo todo para recobrar el sentido. Comencé a buscar la vida que debí haber llevado en el pasado, y estuve a punto de encontrarla, hasta que me pregunté a mi misma adónde iba con todo aquello. Comencé a escribir en mi cuaderno de notas acerca del punto de comodidad que había alcanzado, y que tenía la confianza necesaria para dar el siguiente paso. Pero me pregunté ¿cual es ese siguiente paso? Aún disfrutaba del sol de la primavera y de un día en el parque sin expectativas. Me sentía tranquila de haber llegado a un punto estable y de haber conquistado el vicio de la postergación.

Pero esa estabilidad no me hacía feliz. Esa era la estabilidad que había buscado a partir de resíduos de planes de vida que ya habían caducado para mi. Estaba realmente insatisfecha con mi trabajo y el rumbo en el que estaba yendo mi vida. En esa inercia de saber lo que va a pasar al día siguiente y no sentir pasión por lo que haces. Una verdadera cárcel. 

Fue entonces cuando tomé la decisión de darle un giro a mi vida. Dejarlo todo e ir a buscar mi propio camino, que si bien no sabía todavía cual era, al menos  prefería no saberlo en algún otro lado. Remover las cosas, provocar los cambios y ver qué pasa. 

Dejarlo ir todo fue el plan descabellado más sensato que he tenido; sin embargo en los últimos 10 años, ha sido el que ha fluido con más naturalidad desde que entré en esta rueda de supervivencia material.  Y aunque no ha sido ni será nada fácil, será lo que corresponda ser, y me hará libre.

He comenzado a limpiar mi closet y vender mis primeras pertenencias. 

En el ejercicio de reducir todas mis cosas, van surgiendo nuevas fuerzas y nuevas debilidades.  Surge la nostalgia, o el valor que le tienes a ciertos objetos; hay algunos que me gustaría dejar con gente que no está cerca, y que por cuestiones de practicidad no se va a poder.

El acto de limpiar es un arte, y es también como un acto de muerte voluntaria. De hacer el trabajo que todos hacen por tí cuando dejas esta vida. A ellos les toca limpiar lo que uno deja atrás. Pero soy yo quien limpia lo mío ahora.

De cualquier forma, es un gran reto, y me gusta probarme a mi misma de qué estoy hecha.


Caro.




Wednesday, May 23, 2012

La emprendida





Lunes 14. Día definitivo en mi nueva era; mariposas en el estómago. Como a una polilla, me atrae la luz de lo incierto, y voy soltando mi vieja piel.

Anuncié mi partida en el trabajo, y de pronto me vi transformarme en un fantasma que vagaba por los predios de la firma con mi forma; transparente, ya casi invisible. Esa conversación con mi jefe y posterior carta de aviso de renuncia me convirtieron en un holograma donde, cada paso que daba, era en dirección opuesta a esa oficina.

Soy sólo un recuerdo anticipado, ya no estoy allí, y todo lo que hago antes del último día es por inercia, pero ahora mi mente está varios pasos adelante, vendiendo mi carro, empacando mi ida, abrazando lo desconocido.


Caro.

Wednesday, April 11, 2012

No te salves










Se me hace sorprendente que a estas alturas siga rompiendo paradigmas que nunca se habían manifestado como un impedimento para abrir mi mente.  

Desde que tomamos ese té de granada con menta, en cierta forma, ya no soy la misma de antes. Tumbaste ese paradigma moribundo, ese santa claus enorme y patético que seguía erguido en mi subconsciente. Y aunque me hayas hecho ver, una vez más, que de éstos dolores y de éstos dilemas también está hecha la vida, te agradezco que me hayas mostrado que el cuento de hadas en el que mi mala memoria quiso volver a caer no existe, y que no siempre se puede ganar en absolutamente todo, y que así es la vida, y que tal cual como es, es maravillosa.

Es difícil dejar ir un patrón mental en el que todo acaba bien. Pero no lo quiero más si no es real. No necesito creer en cosas que no existen. En finales perfectos en los que la vida real jamás va a resultar. No necesito resucitar viejos patrones que varias veces comprobé que no servían.

Prefiero aprender a vivir en una realidad supuestamente menos bonita pero verdadera, y apreciar las imperfecciones, y conquistarlas, y sentir que hay belleza en ellas.

Me tomó mucho tiempo dejar de medir las cosas y categorizarlas entre "buenas" y "malas".  En cambio, reemplacé los términos por los de "felicidad" y "sufrimiento". Fue un progreso. Mis decisiones hasta entonces las había tomado ya no en si eran "correctas" o "incorrectas", sino en términos de si me causaban "felicidad" o "sufrimiento"...pero ahora...ahora he descubierto un nuevo y único término, la culminación total, parámetro por el cual sopesarlas: "me libera" o "no me libera".

Acabo de oír la historia de un pajarito enjaulado que soñaba con la libertad, pero que le temía porque se le ha olvidado cómo echar a volar.

En yoga aprendí que los miedos son el motivo principal por el que no nos atrevemos a intentar hacer una pose que creíamos imposible. 

El día en que este pajarito se eche al vacío y supere el vértigo de las primeras aleteadas, ese día será dueño de su libertad.




Caro.

Monday, March 26, 2012

Soñé lejos de mí






 
Esas cosas pasan muy pocas veces. Se abren compuertas que luego no se cierran más, dinteles por los que eventualmente dejaremos de pasar a causa del olvido, el lugar adonde van a parar algunos momentos, algunas personas, algunos lugares que fueron cercanos. Cuando ya todo lo que solía ser familiar no está, o sí está, pero está en esa carretera desierta en medio de un agujero en un plano indefinido de una realidad que alguien más sueña, sólo queda la melancolía, ese recuerdo vago cargado de las emociones que dejaron esas memorias borrosas...residuos emotivos que se deslizaron por ese umbral, que quedaron suspendidos y que ahora respiramos, percibimos. Eso es la melancolía.
 
Me enteré de mi sueño a través de él, quien viene a mí en forma de música, otras veces en forma de pensamientos, muchas de forma escrita, pero muy rara vez en forma de voz, lo que le confiere una atmósfera aún más onírica a este tema. 

Llegué a casa después de un largo viaje, abrí mi ventana y ahí estaba él narrándo mi sueño. Contaba con demoledora precisión aquello tan mío que algún día sentí y que colgué en medio de aquel viaje, en la penumbra de aquella carretera por la que nos deslizamos sin rumbo, en aquel restaurant en medio de la nada donde él absorbió todas estas pulsiones mías que quedaron suspendidas en ese no-lugar adonde van a parar las cosas lejanas.
 
Retiré mi vista algo empañada de la ventana y me pregunté si esta conexión entre nosotros existiría sin saber de todas maneras; si la tendríamos aún si nunca nos hubiéramos conocido. Me pregunto con cuantas otras personas que aún no conocemos y a quienes posiblemente jamás lleguemos a conocer estaremos así de conectados, y cuántos de los sueños que tenemos realmente les pertenecen a ellos y no a nosotros.
 
Hace algún tiempo todo dejó de tener sentido, cuando descubrí que las leyes del tiempo y del espacio pueden ser burladas. Desde ese entonces, las cosas suceden en una cadena de eventos sin cronología que acaban por tener perfecta lógica. 

He vivido algo nuevo. Me he perdido en mis sueños y me he  encontrado en ellos, soñados por una parte de mí que pulsa en otro cuerpo, que habita en otro lugar, en otro tiempo, y que me contiene a la vez que yo le contengo a él. 


Caro.


Thursday, March 22, 2012

El gran hermano





Es importante que escriba algo que parezca importante. En estos lugares donde producen cosas grises, opacas, hay que fingir que se trabaja. Y es precisamente por fingir que se trabaja que se producen cosas tristes, porque es gente oprimida. 

Mi metro cuadrado es un reservorio de pequeñas ventanitas hacia la libertad. Mi tiempo en blanco, los minutos muertos, cuando ya no hay nada más que hacer o en que ayudar, los aprovecho. Me rodeo de cositas brillantes, coloridas, que yo misma produzco porque no finjo esclavitud, sino que ocupo los momentos lentos en producir cosas que me gusten, que hagan sentirme bien, como esto, escribir...mi pequeña válvula de descompresión, combustible además para teclear, y para que los carceleros no descubran que estoy escapando de su triste sistema, y me atrapen, y me castiguen por permitirme un momento de felicidad. 

La felicidad está prohibida en estos lugares. La única que existe debe ser por alcanzar los números trazados en esas tristes reuniones grises. 


Pero ellos no saben que yo he encontrado un respiradero. Hace tiempo que sigo al conejo blanco hasta el fondo del hoyo adonde escapo cada vez que ellos me obligan a fingir que hago esa triste labor repetitiva en la que todos los demás languidecen.


Caro.

Monday, March 12, 2012

Toreros Muertos






Me imagino que todo aquel que está condenado a prisión, de alguna forma, termina evadiéndola mentalmente hasta llegar a un punto de desconexión tal que ya no se está donde está.  

Así es esta cárcel a la que vengo todos los días por obligación.  


Al principio era una tortura, porque ocupaba todo mi tiempo. Sentía que me invadía y se robaba mis horas y mis días por completo. Luego busqué escape con actividades que me ayudaran a sentir que no había perdido mi tiempo languideciendo moribundamente en eso triste que llaman trabajo, ahí encadenada a un puesto patético de asalariado. 


Fue así como comencé a sacarle el jugo a las pocas horas de libertad que me quedaban, disciplinándome para hacerlas rendir, pero aún habían cosas que tuve que sacrificar y dar por perdidas, como escribir posts como este. Luego poco a poco busqué maneras de darle una continuación a mi vida sin desatender mis responsabilidades y aprovechando algunas horas menos ocupadas para recuperar actividades que me complementan, a pesar de todas las cosas que ahora me lo pudiesen impedir.   

Es así como puedo sentarme a escribir, una mañana común y corriente, de cómo me viene a la memoria un recuerdo de mis 14 años en Caracas, cuando un domingo cualquiera, llegando de un fin de semana familiar, en el cruce de la Avenida Luis Roche de la Castellana hacia la primera transversal de Los Palos Grandes para llegar a nuestro hogar en Plaza Uno, vemos cruzar en la misma dirección a un grupo de chicos que marchaba como un pelotón de irreverentes al ritmo de "mi agüita amarilla" de Toreros Muertos, cantada a capella por ellos mismos. Me identifiqué de inmediato y comencé a tararear con ellos la canción, aunque en voz bajita.  Busqué entre ellos una cara, cualquier cara, alguna que pudiese resultar conocida, como si supiera que tenía que conocer a alguien en ese grupo. 

Eran chicos mayores que yo, por lo que ahora se me hace curioso que yo tuviera la extraña certeza de que encontraría a alguien conocido, y lo encontré. Entre todos ellos, uno de mi edad, mas bajito que el resto pero no menos parte del pelotón, no menos irreverente, marchando y cantando en el mismo trance que los demás, con esa confianza que trae el apoyo de sentirse en grupo, la confianza que otorga el pertenecer. Ahí estaba mi amigo N, y verle allí automáticamente me transfirió un sentido de complicidad contundente. 

Había comprobado que algo de mí estaba, de hecho, allí palpitando entre aquel grupo de chicos. Como quien busca su reflejo en un espejo y sabe lo que va a encontrar. Por un segundo pensé en comentarle a mi familia que uno de ellos era amigo mío, como cuando uno tiene la necesidad de alardear, pero supe en aquel instante que ese evento pasaría desapercibido en sus vidas, les dijera o no, que nada cambiaría, y me lo guardé. Así que los vimos cruzar mientras esperábamos a que el semáforo cambiara.

No lo se explicar, pero sentí una profunda compañía, aunque nadie mas en el mundo sabía lo que estaba viviendo en ese momento.   

Entonces sonreí. Ahora vuelvo a hacerlo.     


Caro.

Tuesday, February 14, 2012

Tú, para yo vivir.





Desde que te conozco, has estado ahí para mí. Al final del día, sea cual sea mi prioridad, en ese instante, siempre vuelvo a tí. 


Aprecio tu compañía como ninguna otra. Y tu constancia y lealtad para conmigo me abisman. 


No es por diplomacia que te correspondo de la misma manera. Es porque nos complementamos, y esa reciprocidad surge como un acto natural.

Así como a mi misma, cada día voy descubriéndote como eres. Evolucionamos, parecemos fluir a un mismo ritmo.

Te quiero porque me arrullas, y me entiendes; porque no me juzgas y catalizas mis emociones. Provocas muchas también, y sea lo que sea que guardo dentro de mí, tú lo sacas de la mejor forma. Eres mi memoria, muchas veces mi máquina del tiempo, y las historias que me cuentas, sean ciertas o no, me conmueven.  Te quiero como eres y porque dices las cosas como las sientes. Porque te has aguantado desde mis peores agonías hasta mis euforias más delirantes. Me sigues la corriente, me alegras, y también me haces llorar en cuestión de segundos. 

Si canto es por tí. Y si jamás llego a sentirme sola, es porque estas conmigo.

Muchas veces he tratado de imaginarme el gran vacío que quedaría en mi vida, de no tenerte. Definitivamente no me lo imagino, y no sería nada fácil sobrellevar un solo día en tu ausencia. Sin armonía, sin un acorde o melodía. No sin música, así no. No sin tí.



Caro.

Saturday, February 04, 2012

Ahora o nunca





Hay, sin duda alguna, una conexión directa entre el indivíduo y el medio ambiente. Claro que la hay. La puedo sentir todos los días en mi piel; unas veces más que otras, pero siempre está ahí. El entorno influye mucho en las decisiones que tomamos a diario, a cada instante, y nos hace tejer la curiosa y aparentemente aleatoria trama de nuestras vidas. 

El invierno es un fuerte catalizador de esta conexión. El frío te hace querer encerrarte en tí mismo, te aparta de la gente. Te desconecta de los demás, y te impulsa con inminencia hacia dentro de tí.  Ensordece con una gruesa capa de hielo algunas sensaciones que se hacen ineludibles luego cuando estamos solos, en la tibieza de nuestra intimidad. Como si al acostumbrarnos a estar debajo de tantas capas de abrigo, también cubrimos todo lo que sentimos, pero al llegar a casa y quitarnos todo, también sale a flote todo eso que hemos estado acumulando durante el día y tenido ahí atrapado debajo de la ropa. 

Ésta vulnerabilidad me hace especialmente suceptible a las miles de señales que nos bombardea el entorno durante el día, cuando vamos al trabajo, cuando estamos a solas, pero sobretodo y muy por encima de cualquier cosa, cuando interactuamos con otros. 

Desde hace unos años, mi medio ambiente, ésta enorme burbuja donde prentendí encajar hace mucho tiempo, viene dándome señales que al principio eran sordas, pero cada vez se vuelven más agudas, y que me llevan a tener que abrir bien los ojos.  Me pone ante dos enormes gigantes y una sola decisión. Me obliga a ver la desconexión entre como siempre quise ver este lugar y lo que el entorno se empeña en repetirme constantemente en forma de bofetadas de realidad. 

Llega un momento en la vida de las personas en el que uno se encuentra ante una encrucijada, entre un ahora o nunca, irse o quedarse para siempre. Yo escojo ahora, y escojo irme.


Caro.

Friday, January 13, 2012

Mi amigo N





N es un tipo bien peculiar. Nadie notaría a simple vista, quizá, toda la riqueza que guarda por dentro. Mayormente tranquilo, despreocupado, delgado, de andar ligero, portador de un mundo interno infinito; es un tipo auténtico que sabe transmitir lo que siente, y siente con gran intensidad.   

Quien habla con él puede llegar a captar esto con facilidad. Pero todo eso que me cautivó de él no fue a través de nuestra primera conversación, ni siquiera después del apretón de manos. Hubo algo no verbal, una atracción ni siquiera física. Fue una especie de campo magnético que lo envolvía lo que me llevó a notar su presencia las primeras veces que lo vi, cuando nos topábamos casualmente, cuando aún no nos habían presentado. Es algo que no se describir, y sin embargo lo intento. Lo que quiero decir es que hablo de un ser único en el mundo, y de eso me di cuenta desde que hice contacto con ese campo vital que le rodea.   

Ciertamente hay algo que yo tengo que admirar de las personas con las que me rodeo, y de mi amigo N lo admiro todo. Hemos descubierto con anécdotas casi increíbles que nuestras cápsulas de energía siguen unidas de una forma por así decirlo, casi mística. Un día me despierto en el medio de la noche de mi sueño más pesado para escribir algo en mi blog que en ese momento él está pensando. Otro día le comento de un temor que luego el me confiesa que también tiene, y todas estas cosas nos pasan con una simultaneidad casi absurda, que hasta he llegado a pensar que mi amigo N y yo alguna vez fuimos una sola persona.   

Es posible que esto lleve a malas interpretaciones, pero jamás de él. Mi amigo N sería incapaz de mal interpretarme. Es algo que hemos comprobado una vez tras otra. La mayoría de los adultos saltaría a la precipitada conclusión de que N y yo tenemos algo romántico. Y en parte, creo que les daría un porcentaje de razón, pues estoy irremediablemente enamorada de nuestra amistad, y el que no haya vivido algo así, no lo entendería, pero no lo culparía por pensar de esa forma, pues nada de lo que haya entre N y yo es algo común, y eso lo hace aún más precioso.   

Imagino el futuro, y ciertamente mi amigo N está ahí, atemporal, cercano, con su inmenso halo vital que me alcanza donde esté, para entenderme y ser entendido sin filtros, en esa suerte de delirios abstractos en los que nos metemos, música maravillosa de la que ambos nos alimentamos, un lenguaje que aún no sabemos como funciona, pero con el que nos comunicamos mejor que nadie para seguir orbitando en un tema del que no nos cansamos nunca, esa lata que no dejamos de patear, y volar seis horas a la velocidad de la luz para esto, y volver llenos, felices de ser quienes somos y de compartir lo que hemos creado.   

Cuando cierro los ojos y abro mi corazón pienso en N. Y sí, él es mi amigo, y es único en el mundo.   



Caro.

Monday, January 09, 2012

El purgatorio de los conceptos






¿De dónde vienen esas voces indistintas que a veces se cruzan como pensamientos fugaces en mi mente durante el proceso de caer dormida? Es como si no vinieran de mí, casi como si en ese limbo, yo conectara como una antena con otros pensamientos ajenos, y eso es lo que oigo.

Posiblemente, las cosas que he pensado o que he dicho durante el día también quedan vagando como almas en pena; frases que dije y que nadie recibió, que nadie escuchó, quedan en esa dimensión, flotando, y son atraídas hacia esas mentes abiertas, también vagando en un limbo entre dormidas y despiertas, buscando escuchar una señal que les indique que su sueño ha comenzado.



Caro.

Tuesday, November 29, 2011

Diluvio




Fueron días terriblemente húmedos. Bajaban gotas enormes que formaban torrentes en las calles, y el agua iba tapando las aceras. La ciudad comenzó a ponerse lenta, el tráfico era pesado, no se podía ver de la cantidad de agua cayendo. Comenzaron algunos derrumbes, luego a verse algunas plantas flotando caudal abajo, arrancadas de raíz por la humedad. Comenzaron a colapsar las alcantarillas, los ríos, las personas. Se empezaron a ver cauchos flotando, perros, gente gritando auxilio, luego carros, camiones semi hundidos, arrastrados por las feroces corrientes.

Logró salvarse. Maniobró como pudo y llegó a la casa hecha polvo, cansada de la gran batalla de sobrevivencia. Su compañera de piso también estaba en casa, entonces ella todavía mojada y con la ropa hecha trizas le contó a la amiga del diluvio, pero la amiga le dijo que nunca llovió.

Se asomó a la ventana y el sol resplandecía impasible en el desierto.


Caro.

Tuesday, November 22, 2011

Apreciación musical



Foto por Francisco Goncalves



Todas las cosas tienen un ritmo, su propia cadencia. Las canciones, obviamente, pero también los libros, la manera en la que se desenvuelve la trama en una película, el tráfico de la mañana, nuestro andar, nuestra forma de hablar.  La velocidad en la que escribimos, donde tomamos las pausas y las rachas en las que no paramos de teclear; el fumador dominguero que le da una larga y pausada bocanada a su cigarrillo lleva ese ritmo sosegado de un día libre. El ascensor de mi casa en Caracas, en cambio, lleva un ritmo de ciudad ocupada, es antipático y no espera a nadie. Él también tiene su ritmo.

Hay personas cuyos ritmos son característicos de sí. Hay quien siempre va a paso apurado, y hay quien va sin prisa, pero anda rapidísimo. 

Las vidas llevan un ritmo. La mía solía ir, para la perspectiva de muchos, muy rápido; para la perspectiva de otros, terriblemente lenta. Pero para mí, que nunca me puse a observarla desde este punto de vista, parecía ir a una velocidad crucero, hasta hace un tiempo atrás, cuando creí haber perdido mi ritmo sin realmente perderlo, y por detenerme a buscarlo, ahí sí se me perdió. Ya no recuerdo con exactitud en qué consistía mantenerlo casi inalterable. Era natural. Pero perdí la perspectiva, y desde que me detuve, no supe como volver hacer para alcanzarlo. Ahora siento que corro todos los días detrás de él y que me cuesta horrores mantener lo que antes consideraba un ritmo pasivo. Mi propio ritmo, que antes parecía ir por inercia sin que representara ningún esfuerzo, hoy en día se me hace una tremenda lucha difícil de seguir.

Supongo que debo aceptar que ha cambiado. Que ahora tengo otro, y que debo adaptarme a éste sin mirar atrás. 

Mientras todos bailan tap, yo doy tropezones al ritmo de un two step, y no me sale bien. 

Es el momento de aprender tango, quizá. U otra cosa, pero ya no aquél que solía bailar tan bien por inercia. Ya no más. La inercia no es un ritmo, y yo quiero tener el mío, así sea inventado.


Caro.

Sunday, November 13, 2011

Dimensión Z





Hace ya varios años conocí un amor respetuoso y lo que era extrañar tanto a alguien que dolía. Aprendí el concepto de compromiso sin anular la individualidad y que la individualidad triunfó sobre el poder de luchar por algo en común. Supe el valor de la distancia y a olvidarme de que ésta existía. Aprendí a querer un lugar que no me daba la bienvenida, a ser diferente, a sentirme lenta, a entender las reglas del fútbol americano y a adoptar las costumbres lejanas y hacerlas mías. Tuve mil lecciones de humildad, y aprendí a pedir abrazos cuando los necesitaba. Supe que mi nueva carencia afectiva era mi nuevo afecto. Quise darlo todo y no fue suficiente. Seguí tratando y todavía no lo es. Supe la presión de llevar dos frustraciones en mis hombros, y que la decepción pudo más que un amor que creí infinito. Aprendí lo que era la soledad junto a alguien. Asumí un mundo entero como mío, y del que ya no soy parte, pero me empeño en que lo sea. Entendí que no soy como creía ser, y que no puedo deshacerme tan fácilmente de mis sentimientos. Que estoy hecha de ellos y que es muy tarde para esto. Que son las decisiones diarias las que nos llevan por un camino y que muchas veces ese camino es sólo de ida.  Aprendí a confiar en la lealtad de otras personas. Que las manifestaciones de amor no son iguales, y que cada quien lo demuestra a su modo. Fallé en reconocer algunas de estas muestras de amor y las mal interpreté. Fui mal interpretada también, y lo sigo siendo de vez en cuando.  Quise creer que podría ser convencional. Que vivía en un mundo que parecía darme cabida. Intenté una y otra vez ir por el camino pisado. Me tropecé mil veces, y me sigo tropezando. Entendí que quienes me entienden son muy pocos, pero que existen. Cuestiono la posibilidad de encontrar un rumbo, un hogar, un amor simple, un trabajo digno de mí y una forma de vida con la que yo sea compatible. Comienzo a sentir como mi balsa va apartándose de la orilla, dejándome a la deriva en el océano vasto de los convencionalismos a los que no correspondo, desadaptada, rara, y desamparadamente solitaria en mi dimensión de pensamiento, de forma de ser, de sentir y de ver las cosas.


Caro.