El lugar feliz es donde se puede ser libre al mismo tiempo que se consideran y respetan los códigos de amor que uno guarda con los demás. Ese es el lugar que quiero encontrar, y en mi proceso he pasado por muchas corrientes, noches de insomnio y momentos de incertidumbre y mucha ansiedad. Aún no se si estaré cerca o lejos de llegar a él, pero entiendo que el rumbo que está tomando se le aproxima. Al menos puedo sentirlo en la tranquilidad que respiro con cada paso que doy.
Pasé de tener el vaso lleno y verlo medio vacío a vaciarlo y solamente proyectarlo lleno. Hay que arriesgarlo todo, provocar un reinicio, un punto de quiebre en el que se depure todo lo que se tiene hasta alcanzar una desnudez material en la que uno se vea claramente a sí mismo; sinceramente verse como se es, y asumir que hay cosas que hay que cambiar. A partir de esa sensación de no tener ya nada que perder, cualquier experiencia que pueda pasar sólo puede aportar al saco vacío; ponemos en perspectiva el valor de las cosas, y sabiendo todo lo que no tenemos que tampoco necesitamos, comenzamos a llenar nuestro saco de aquello que realmente vale para nosotros. Yo tuve que vaciar el mío para poder verlo lleno.
Creo que con la edad vienen responsabilidades que uno asume naturalmente. También viene la madurez para ver estas cosas. Abrir los ojos, no estoy sola, y ese apoyo que recibo tiene un precio: mi consideración y cariño a cambio, lo que lejos de obligarme, me libera; el poder entender y actuar en función a eso. Creo que es una muestra silenciosa de amor. La reciprocidad me hace feliz. Me siento mejor persona y lo hago porque me lo dice mi corazón.
Entre esos códigos de amor se encuentra el apoyo incondicional de la familia y los amigos. Éste apoyo viene cargado de mucho cariño, paciencia y aceptación. Y detrás de esa aceptación se esconde sigilosamente la angustia y la preocupación que genera la incertidumbre. Es mi deber y responsabilidad actuar para evitar en lo posible generar este tipo de sentimientos en mí y en mis afectos.
Encontrar un "lugar feliz" para mí, es donde yo pueda alcanzar una estabilidad y que al mismo tiempo se me permita al menos una vez al año perseguir mis pasiones. Prefiero pasar el resto de mi vida viviendo mi sueño una vez al año que a quemar todos los cerillos en una sola oportunidad, como un relámpago de una luz maravillosa que apenas dura unos segundos y luego se desvanece.
Ese sería alcanzar mi lugar feliz. Donde estoy, no importa donde. Las cosas que no he resuelto dentro de mi me van a perseguir adonde vaya. Mi lugar es donde esté, y el momento para enfrentar mis miedos es ahora. Así va a ser siempre.
Me alivia horrores haber llegado a este punto en el que estoy. Un viaje que iba a ser por el mundo provocó sorpresivamente un recorrido por mi mudo interior. Quizá eso era lo que buscaba. Me parece que el lugar es irrelevante cuando se quiere cumplir un sueño, pero eso sólo lo probaré cumpliendo esa misión. He escogido El Camino Portugués a Santiago para esto.
Aún ni siquiera comienzo, y aún tengo todo el camino por delante.
Lo mejor, sin duda, todavía está por verse.
Caro.








